¿Cuándo fue la última vez que besaste mis besos y abrazaste mis abrazos?
¿Que me hiciste el amor sin la ropa, y correspondiste a mi intento de acurrucarme el resto de la noche?
Dolorido me conoces, y odias el “te amo” que no sale de mi boca.
¿Qué es de ti que malgastas tu tiempo queriendo escuchar de mí, lo que otros te obsequian por montones?
¿Qué es de ti mi compañera exhausta?
Ya no buscas consuelo,
Ya no sientes la briza.
No importa cuánto amor te dé, sin palabras para ti no vale.
No importa que dedique mi vida y mis horas a hacerte feliz, sin palabras para ti no cuenta.
Qué más da si cumplo lo que otros sólo prometen, sin palabras no interesa.
Gastas tu tiempo en llanto porque mis labios no pronuncian de lo que te llena mi ser.
Pierdes el sueño buscando razones para marcharte del lado del hombre que te entrega todo, todo excepto dos palabras.
Porque para ti tres sonidos son más importantes que mi tiempo y mi vida, que mi entrega y el alma.
¿Qué es de ti, mi compañera exhausta, que vives al lado del que por no decirlo, nada te ama?
¿Qué es de ti, qué de tu alma?
miércoles 14 de octubre de 2009
Me engaño creyendo que te olvido
Me engaño al creer que te olvido,
Y en el fondo no quiero olvidarte;
Es que eres lo maravilloso en la vida.
No me quedan vidas ni eternidades para dar,
Ni siquiera un latido de este pecho.
Qué error tan inoportuno el amar,
Qué grandioso pesar.
Y ahora que he tropezado con el ensueño,
Y me he extraviado en el paraíso,
¿Qué hago con todos tus viejos recuerdos que nadie iguala?
¿Qué hago con tu trillada imagen perenne?
Me engaño al creer que te dejo, que me entrego, que la amo.
Y en el fondo no quiero dejarte;
Es que eres el perfecto en la vida.
Y en el fondo no quiero olvidarte;
Es que eres lo maravilloso en la vida.
No me quedan vidas ni eternidades para dar,
Ni siquiera un latido de este pecho.
Qué error tan inoportuno el amar,
Qué grandioso pesar.
Y ahora que he tropezado con el ensueño,
Y me he extraviado en el paraíso,
¿Qué hago con todos tus viejos recuerdos que nadie iguala?
¿Qué hago con tu trillada imagen perenne?
Me engaño al creer que te dejo, que me entrego, que la amo.
Y en el fondo no quiero dejarte;
Es que eres el perfecto en la vida.
El Primer Amor
El segundo amor es como estar frente a un lago enorme, tanteando tímidamente con la punta del pie el agua.
Uno ha nadado otras veces, pero todas ellas en el pequeño estanque junto a la casa, sin viento ni profundidad.
Uno cree saber cómo se siente estar sumergido, y uno desea empaparse, rodearse de toda esa grandeza; mas la poca experiencia nos alerta del peligro. Pero, así es el primer amor.
No. El primer amor, es como la primera vez que vas al mar cuando apenas eres un niño. E hipnotizado por la fascinación corres hacia él, ves su magnificencia y corres hacia él, sientes su poderío y corres hacia él, oyes su violencia y corres hacia él. Te entregas, lo adoras y no puedes evitar que te sumerja y arrastre y golpee y lleve a su voluntad.
¿Cuántos de nosotros no hubiésemos muerto ahogados en sus aguas, de no ser por esa mano que nos tomo hacia afuera a tiempo, de no ser por esos ojos que vigilaban nuestro avance?
No. Yo aprendí a nadar, a contener la respiración, a simplemente flotar en su cuerpo; pero jamás a resignarme a morir ahogado. Eso me enseñó El Primer Amor.
Uno ha nadado otras veces, pero todas ellas en el pequeño estanque junto a la casa, sin viento ni profundidad.
Uno cree saber cómo se siente estar sumergido, y uno desea empaparse, rodearse de toda esa grandeza; mas la poca experiencia nos alerta del peligro. Pero, así es el primer amor.
No. El primer amor, es como la primera vez que vas al mar cuando apenas eres un niño. E hipnotizado por la fascinación corres hacia él, ves su magnificencia y corres hacia él, sientes su poderío y corres hacia él, oyes su violencia y corres hacia él. Te entregas, lo adoras y no puedes evitar que te sumerja y arrastre y golpee y lleve a su voluntad.
¿Cuántos de nosotros no hubiésemos muerto ahogados en sus aguas, de no ser por esa mano que nos tomo hacia afuera a tiempo, de no ser por esos ojos que vigilaban nuestro avance?
No. Yo aprendí a nadar, a contener la respiración, a simplemente flotar en su cuerpo; pero jamás a resignarme a morir ahogado. Eso me enseñó El Primer Amor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)